Cristo revelado en la pascua

INTRODUCCION
La Pascua (del término hebreo para designar "pasar por encima" o "pasar de largo") fue instituida por Dios para el pueblo hebreo en la víspera de su salida de Egipto, donde habían estado en esclavitud y opresión durante más de cuatro siglos. Fue una noche memorable, en la que el destructor aniquiló a todos los primogénitos de la tierra de Egipto que no estaban protegidos por la sangre del cordero pascual.


Este incidente dio origen a la celebración anual de la Pascua, en la que los hebreos deberían recordar la manera en que habían sido salvados no solamente de la tiranía de los egipcios, sino de morir. Esta fiesta solemne no era nada más un recordatorio de la mano poderosa y la misericordia de Dios, sino también una mirada al futuro, cuando vendría el Cordero de Dios a poner su vida en sustitución de la de todos los pecadores que estuvieran y estén dispuestos a aceptarlo.
Por ello, dentro de la celebración de la primera pascua, así como en el rito de las posteriores, encontramos elementos que nos hablan de la misión, la persona y la obra de Cristo. En este estudio estaremos analizando los aspectos en que la Pascua se relaciona con el Mesías.

ANTECEDENTES
El éxodo de Israel de Egipto sucedió alrededor del año 1440 a.C. Cuatrocientos treinta años antes, los antepasados de los israelitas habían emigrado a Egipto para escapar de una terrible sequía que produjo una falta básica de alimento en la tierra de Canaán, donde moraban (Gn 41:56).


Encontraron un nuevo hogar como resultado de la misericordiosa provisión del Señor, que años antes había enviado a José, el hijo amado de Jacob, a Egipto. José pasó de ser un esclavo comprado por veinte piezas de plata a ser el segundo bajo el faraón de la tierra. Siguiendo la instrucción de Dios, proveyó de alimento a Egipto durante los años de escasez, y en ese tiempo, a la vez que se reconcilió con sus hermanos, también compró todo Egipto para Faraón a cambio del alimento que los egipcios necesitaban. Por eso fue honrado con la aceptación de que su familia viniera a vivir en Egipto, e hizo traer a su padre con toda su familia. Jacob y sus hijos fueron dotados con sus propias tierras para continuar su oficio de pastores de ovejas. Se establecieron en Gosén, en el área del delta del Nilo, y en el transcurso de poco más de cuatro siglos, se multiplicaron de los setenta individuos que llegaron originalmente a una multitud de varios millones de personas (Ex 1:7).


Durante este tiempo de alguna manera el tamaño de su nación se convirtió en un problema. Las dinastías egipcias habían cambiado, y en el intermedio los hicsos habían venido y luego habían sido expulsados. La nueva dinastía reinante desconocía del favor que José había prestado al país del Nilo, y más bien identificó a los hebreos con los hicsos, por ser semitas y criadores de ganado ovino como aquellos. Desconcertados por la gran cantidad de hebreos que había, y temerosos de verse nuevamente sojuzgados, los egipcios decidieron terminar con la amenaza que los hebreos representaban (Ex 1:8-10).


LA OPRESION
El faraón dio inicio a un programa de tiranía diseñado para explotar a los hebreos y a la vez evitar que pudieran amenazar su gobierno. Este faraón muy probablemente fue Tutmosis I. Su hija fue la famosa reina Hatshepsut, que reinó Egipto con una mano tan segura como la de un varón, e inclusive en muchas de sus estatuas aparece representada como hombre. De hecho, ella no fue reina en su propio derecho, sino como regente de su esposo y medio hermano Tutmosis II, y posteriormente de su otro medio hermano Tutmosis III. Sin embargo, el reino lo gobernaba ella.


La opresión comenzó, y los hebreos se encontraron convertidos en esclavos de los egipcios, trabajando de sol a sol en la construcción de monumentos y palacios, así como tumbas reales cortadas en la roca. Tutmosis I fue el primer faraón en ser enterrado de esta manera en las afueras de Tebas, que fue engrandecida en todo su esplendor probablemente por las fuerzas de los hebreos.
Las ruinas de Tebas son de las más imponentes del mundo. Tebas está ubicada a ambos lados del Nilo, en un anfiteatro natural plano entre promontorios el este y oeste. Sus ruinas cubren un área de unos 8 por 4 1/2 kilómetros. Ninguna otra cuidad contaba con tantos templos, palacios y monumentos de piedra, inscritos en los más brillantes y hermosos colores, y deslumbrantes por su cobertura de oro.<1>


Hatshepsut extendió el imperio de su padre, y construyó muchos monumentos. Dos enormes obeliscos de la Reina, en Karnak, de unas 150 toneladas de peso, llevan una inscripción que dice que fueron remolcados en una barcaza por 30 galeras, con 960 remeros, desde pedreras a unos 240 kilómetros de distancia. También construyó el gran templo de Amón en Deir el Bahri, lleno de estatuas de ella.


Al morir Tutmosis II, su esposo, subió al trono Tutmosis III, siendo todavía un niño, por lo que Hatshepsut reinó por él durante 20 años. Cuando ella murió, Tutmosis III, que la odiaba por haber sido totalmente dominado por ella, se dedicó a destruir las estatuas que la representaban. Las de Bahri las hizo romper en pedazos, que fueron arrojados a unas pedreras y paulatinamente cubiertos por las arenas desplazantes.


Tutmosis III reinó por 30 años por fin solo. Fue el más grande conquistador egipcio. Subyugó a Etiopía, y gobernó hasta el Eufrates. El suyo fue el primer Gran Imperio de la historia. Saqueó Palestina y Siria 17 veces, tuvo un armada y acumuló grandes riquezas. Se enfrascó en grandes proyectos de construcción, y dejó registrados en gran detalle sus logros en paredes y monumentos. Su tumba está en Tebas, y su momia en el Cairo. Debe de haber oprimido todavía más severamente a Israel que su padre y su hermana.
Los israelitas fueron obligados a trabajar excesivamente duro, transportando agua para la irrigación y haciendo y llevando ladrillos para el ambicioso programa de construcción del faraón. Como esclavos que eran, los capataces egipcios los golpeaban si se rebelaban o si desfallecían por debilidad o cansancio. No obstante, Dios hizo que la población hebrea continuara creciendo.<2> (Ex 1:11-14)


En su frustración, Faraón dio órdenes a las parteras hebreas de que dieran muerte a todos los bebés varones que nacieran de las mujeres hebreas (Ex 1:16). Pero las parteras, temiendo a Dios, no obedecieron y los israelitas siguieron multiplicándose (Ex 1:17).
Entonces faraón ordenó que su propio pueblo se encargara de echar al río a todo varón hebreo recién nacido (Ex 1:22).


UN LIBERTADOR
Dios se encargó de que mientras todos los bebés varones hebreos eran matados, en la propia casa del faraón se criara a aquel que iba a ser el libertador de Israel, pues Moisés, a los tres meses de edad, fue puesto en una cesta calafateada que su madre colocó en la ribera del Nilo. Allí lo encontró la hija de Faraón (¿Hatshepsut misma?), quien lo adoptó como hijo propio. Este niño fue criado en el palacio real, como príncipe de Egipto (Ex 2:1-10).


Años más tarde, sabiendo su procedencia, Moisés se identificó con su pueblo, haciendo a un lado la posibilidad que tenía de llegar a gobernar Egipto. Sin embargo, en ese momento quiso libertar a Israel por su propia mano, y el intento fracasó, tanto ante los egipcios como ante los hebreos, por lo que se vio obligado a huir autodesterrado al desierto de Madián (Ex 2:11-15).
Cuarenta años tardó en llegar a ser la persona adecuada para que Dios lo usara para sacar de Egipto a Israel. Cuando volvió tuvo que enfrentarse a otro faraón, Amenhotep II, que mantuvo el imperio fundado por Tutmosis III.


Sin embargo, este faraón no tenía ningún respeto por Moisés ni por el Dios que representaba, pues él mismo se consideraba divino-los faraones de Egipto se creían dioses, y recibían adoración como tales-y no estaba dispuesto a dejar ir a sus obreros por obediencia a un Dios que él no conocía ni le debía lealtad.


Por tanto, Dios determinó ir enviando plagas a Egipto para doblegar el corazón de Faraón. Pero este hombre estaba tan lleno de orgullo y se sentía tan superior que en lugar de arrepentirse y liberar a los israelitas, se endureció todavía más y todo Egipto tuvo que sufrir nueve plagas severas (Ex 7:14-10:22). Cada una de estas plagas estaba diseñada para vencer a un importante dios egipcio, pero Faraón estuvo ciego a la lección. Seguía sintiéndose invencible. Después de la novena, que fueron tres días de tinieblas, Faraón le dijo a Moisés que nunca más vería su rostro (Ex 10:28, 29). Y así fue, porque ya con tantas advertencias, Dios hizo su jugada: puso un castigo de gran magnitud que no dejó en duda el poder de Dios para juzgar a Faraón y Egipto enteros, y demostrar que Faraón no podía contender con El.

LA PASCUA en Egipto
Los hebreos no habían tenido que sufrir las consecuencias de las plagas que habían azotado a Egipto, al menos no de las últimas seis. Esta distinción debería de haber servido como advertencia a Faraón.


La décima plaga, que iba a ser algo inusitado y tremendo requería de la participación de los hebreos, al menos en el aspecto de que se protegieran de acuerdo a las instrucciones de Dios para que no se vieran afectados por ella. Así que, por medio de Moisés, Dios preparó a los hebreos para lo que iba a acontecer el 14 del mes de Abib, posteriormente conocido como Nisán.


Anunció que esta plaga sería la última y la definitiva para que Faraón dejara ir al pueblo, e inclusive dio instrucciones de que los hebreos pidieran alhajas de oro y plata a sus vecinos egipcios, ante los cuales Dios les daría gracia (Ex 11:1-3).


Lo que acontecería sería que a la medianoche, saldría Jehová por en medio de Egipto, y moriría todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón hasta el de la sierva más despreciable, y también todo primogénito de las bestias. Y habría gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca antes hubo ni nunca más habría. Pero contra los hijos de Israel nada pasaría, para que se notara la diferencia entre los egipcios y los israelitas (Ex 11:4-7).


La importancia de lo que sucedería sería tal que ese mes sería desde entonces el primer mes del año judío (Ex 12:2). Las instrucciones continuaron.


Dios ordenó que un cordero o cabrito fuera escogido el día 10 de Nisán. Tenía que ser macho del primer año, totalmente sin defecto. Cada familia debería tomar un cordero, y si esta era demasiado pequeña para poder comerlo, podían unírsele una o dos familias más. En el día catorce, toda la levadura debería ser eliminada de la casa, y en la tarde se debía matar la pascua (la víctima). Su sangre debería ser recogida en un recipiente, y rociada sobre los postes y el dintel de la puerta de la casa. Tenía que asarse completa la víctima, y comerse esa misma noche, de pie y de prisa. No se deberían quebrar los huesos del animal, y cualquier residuo que sobrara debería ser quemado antes de que llegara la mañana. Se había de comer con ella pan sin levadura, llamado también pan ácimo, y hierbas amargas. Era necesario que la familia estuviera completamente vestida y equipada para salir de viaje (Ex 12:3-11).
Dios dejó especificado que en esa noche ejecutaría sus juicios sobre los dioses de Egipto (Ex 12:12). De esta señal los egipcios tenían que entender que Dios estaba determinado a sacar a su pueblo de ese país.


Quedó estipulado que la sangre en el umbral de la puerta sería lo que marcaría la distinción entre los israelitas y los egipcios (Ex 12:13), y donde la hubiera, Dios pasaría sin hacer mortandad.


Sería tan importante esta liberación (pues en realidad, la salida de Egipto fue el suceso que marcó el inicio de la nación de Israel propiamente dicha), que el pueblo tendría que celebrarla como fiesta solemne a perpetuidad delante de Jehová, y para ello de una vez se dieron las instrucciones pertinentes: así de segura era su partida (Ex 12:14-20).


Los israelitas hicieron como Moisés les indicó, y sacrificaron la pascua y tomaron hisopos, mojándolos en la sangre del cordero, y untando el dintel y los postes de cada casa. Nadie debería salir de sus casas hasta la mañana, porque Jehová pasaría hiriendo a los egipcios. Y así lo hizo el pueblo de Israel (Ex 12:21-28).


LIBERTAD
Y a medianoche, pasó Jehová e hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, exactamente como lo había advertido con anterioridad. Y se levantó Faraón, sus siervos y todos los egipcios esa noche, y hubo gran duelo, porque en cada casa alguien había muerto (Ex 12:29-36).


Moisés y Aarón fueron llamados, y se les dio la orden de salir con todo el pueblo y todas sus pertenencias. Era tal la angustia e intranquilidad de Faraón que llegó a pedir que Moisés y Aarón lo bendijeran. Y los egipcios, temerosos por su vida, apresuraron a los hebreos para que partieran, regalándoles joyas, vestidos y muchas otras cosas más. Y así salió el pueblo de Dios de en medio de Egipto, no solamente libre, sino también cargado de riqueza, tal y como Dios le había prometido a Abraham al principio, cuando le anticipó que sus descendientes estarían en servidumbre en otra nación (Gn 15:13-14).


Así fue la primera pascua.

RESULTADOS DE LA PASCUA EN EGIPTO
El juicio que Dios quería efectuar sobre los dioses de Egipto realmente tuvo resultado, pues Faraón entendió que el Dios al que Moisés representaba era mayor que él y todos los dioses egipcios. (Entendió momentáneamente, pues luego saldría en persecución de los hebreos hasta el Mar Rojo-donde nuevamente sería vergonzosamente derrotado por Jehová).


En la historia egipcia no se menciona este suceso, puesto que Faraón solamente dejaba inscripciones de sus victorias y grandes hazañas, y este incidente humillante jamás debería ser recordado, así que no se registró.


Pero sí se sabe que Tutmosis IV, que subió al trono después de Amenhotep II, no era su primogénito; ni siquiera el siguiente en la línea de sucesión. Aparte del primogénito que murió durante la pascua, es posible que varios de los otros que tenían derecho al trono hayan muerto ahogados en el Mar Rojo, por lo que uno que tal vez ni era hijo de Faraón heredó la corona.


Aunque no hubo oficialmente ningún reconocimiento de la salida de los hebreos, ni de la terrible suerte del ejército real, unos cuarenta años después de el éxodo de los israelitas, Amenhotep IV decidió llevar a Egipto al monoteísmo, estableciendo la adoración al dios único Atón. Así este faraón cambió su nombre a Akenatón. Esto muy posiblemente fue consecuencia de saber que Dios (¿Atón?) era más grande que él y los dioses de su nación. (Sin embargo, esta revolucionaria idea no fue bien vista, y el siguiente faraón regresó a Egipto al politeísmo).


LA IMPORTANCIA DE LA PASCUA PARA EL PUEBLO HEBREO
La pascua se instituyó como una fiesta solemne del culto hebreo con el objeto de hacer recordar al pueblo su liberación del yugo egipcio. Esta celebración debería traer a su memoria la fidelidad de Dios, el poder que estaba dispuesto a usar a favor de los suyos, y la distinción que siempre debería haber entre Su nación y las paganas.


La primera fiesta del año hebreo sería esta, y cada año se debería relatar a los hijos la historia de aquella vez que en Egipto, Dios había ejecutado juicio sobre los opresores y había pasado de largo sobre los israelitas. Esto serviría para hacerlos conscientes de el favor de Dios con el que contaban, a la vez que reforzaría su identidad nacional.


La intención de Dios al establecer la pascua era que fuera "una gran imagen histórica que apuntara hacia el Cordero Pascual que nos liberaría en un solo sacrificio de un mundo adverso y hostil por Su sangre", como lo expresa Halley<3>.


LA IMPORTANCIA DE LA PASCUA PARA EL PUEBLO DE DIOS
La pascua tiene relevancia no solamente para los judíos que fueron liberados de la muerte y de la esclavitud en esa ocasión, sino para todos los cristianos nacidos de nuevo y adoptados dentro de la familia de Dios como hijos suyos, porque señala hacia el sacrificio perfecto de Cristo, por medio del cual hemos sido librados de la muerte y de la esclavitud al pecado.


En toda la celebración de la pascua encontramos múltiples elementos que son figura de Cristo, y nos conviene conocerlos y entenderlos, para poder captar toda la riqueza que contiene la pascua.

CRISTO EN LA PASCUA
La pascua celebrada en Egipto, y posteriormente las pascuas de conmemoración, fueron un tipo de la salvación infinitamente mayor-la salvación eterna-efectuada por medio del sacrificio de "Cristo nuestra pascua" (1 Co 5:7: "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros"; Jn 1:29: "El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo").


NOSOTROS NECESITABAMOS DE LA PASCUA
Es obvio que primero debe haber una identificación de nosotros mismos con el pueblo hebreo cautivo en Egipto, y la hay. Antes de nuestra liberación por la gracia por medio de Cristo, estábamos en opresión, éramos objeto de la tiranía del príncipe de este mundo, Satanás, así como los hebreos eran esclavos de Faraón. Estábamos no en esclavitud física, pero sí en esclavitud al pecado. No teníamos esperanza de liberarnos nosotros mismos. Necesitábamos de la intervención del brazo poderoso de Dios, que pudiera vencer al opresor. Y necesitábamos ser liberados de la muerte, del paso del juez que nos sentenciaría a muerte eterna si no estábamos cubiertos por la señal de la sangre.


Loa hebreos necesitaban de algo sobrenatural que los rescatara de las cadenas de Faraón, y nosotros necesitábamos de algo sobrenatural que nos salvara de las garras de Satanás.


La respuesta a los israelitas en Egipto fue un juicio imponente, y su liberación de éste por medio del cordero sacrificado. La respuesta a nosotros es Cristo, el Cordero que dio su vida por nosotros, para librarnos del juicio que acarrea sobre nosotros nuestro pecado. Por ello, el estudio de la pascua será un estudio que nos lleve a entender mejor lo que Cristo hizo por nosotros, al ofrecer su vida a cambio de la nuestra.


EL CORDERO
El cordero debería ser totalmente libre de defectos. Cristo fue totalmente libre de pecado, sin mancha y sin contaminación de ninguna especie. Era imprescindible que el ejemplar que se ofreciera como sacrificio por la humanidad fuera absolutamente puro para que fuera aceptable delante de Dios.


No solamente era para observarse este animal, sino que terminados los días de guardarlo apartado, se tenía que matar. Cristo tuvo que derramar su vida hasta la muerte (Is 53:12). Vivo, no podía pagar por el pecado de nadie. Era necesario que diera su vida por nosotros.


El cordero era macho-Cristo fue varón. Además, el animal era joven, era valioso, no un cordero viejo que como quiera ya fuera a morir. Así, Cristo murió en el apogeo de su vida, y su vida fue lo suficientemente valiosa para poder pagar por la vida de toda la humanidad entera: un precio más que satisfactorio para lo que demandaba la justicia divina pues la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23) .


Ningún hueso del cordero debería ser quebrado (Nm 9:12), y tampoco a Cristo se le rompió ningún hueso durante todo el sufrimiento que soportó antes y durante su crucifixión (Jn 19:36). Esto era una indicación de que El verdaderamente había sido el esperado Cordero de Dios.


El cordero era figura de la sustitución. En lugar de que el primogénito de la casa muriera, se sacrificaba al cordero. Así es también con Cristo. Nosotros estábamos sentenciados a muerte por nuestro pecado, teníamos que morir. Pero Cristo murió en nuestro lugar, fue el sustituto por ti y por mí.


El cordero era inocente, no había hecho nada para ser puesto a muerte, e igualmente, Cristo no había hecho ningún mal. Toda su vida se mantuvo al margen del pecado, porque era necesario que un inocente (Cristo) tomara el lugar del culpable (yo).


IDEA DE DIOS
Otra manera en que el cordero tipifica a Cristo es que el animal no era producto del esfuerzo del hombre-era un don de Dios. Igualmente, la salvación que obtenemos de Cristo no es por esfuerzo nuestro, sino que es un regalo de Dios para nosotros. Y la iniciativa de la pascua, de salvar a los primogénitos hebreos, fue de Dios. No fue el pueblo que se le acercara y dijera: "Señor, envía un terrible juicio sobre Egipto y sálvanos a nosotros del castigo. Te vamos a decir cómo..." Más bien, ellos ni idea tenían de lo que venía, y menos hubieran sabido cómo librarse. Se necesitó que Dios elaborara el plan de liberación para los israelitas en Egipto, así como nosotros necesitamos que Dios elaborara el plan de salvación. Por medio de sus instrucciones, Dios llevó a los israelitas de la esclavitud y el peligro de muerte a la libertad y la vida. Por medio de sus instrucciones, contenidas en la Palabra de Dios, somos llevados de la esclavitud y el peligro de muerte a la libertad y la vida.


En todo su trato con el hombre, Dios siempre ha tomado la iniciativa. Desde el momento en que se instituyó el sacrificio con derramamiento de sangre en el Edén después de la caída (cuando Dios cubrió con pieles la desnudez-pecado-de Adán y Eva [Gn 3:21]), cada ocasión en que Dios ofrece una reconciliación al hombre, El es quien da el primer paso.
En el caso de Cristo, no vino porque nosotros clamáramos por un Salvador, sino que Dios planeó enviarlo desde la fundación del mundo, porque ya sabía que lo íbamos a necesitar, y desde el principio estuvo dispuesto a proporcionárnoslo, sin importar el tremendo costo que para El implicaría el sacrificio de su Unigénito.


Pedro dice en su primera epístola: "Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros" (1 P 1:18-20).


LA APLICACION DE LA SANGRE
La manera en que se iba a lograr la distinción entre los hebreos y los egipcios era por medio de la sangre aplicada en las puertas de las casas: Jehová mataría al primogénito de cada casa en cuya puerta no hubiera sangre aplicada, y pasaría de largo las casas que sí la tuvieran.


Esto nos habla de varias cosas:
1. No solamente tenía que morir el animal, sino que su sangre tenía que ser derramada. La sangre inocente era una expiación (pago satisfactorio) por la vida del primogénito.
2. La sangre tenía que ser embarrada en los postes y dintel de la puerta. El simple hecho de que hubiera sido derramada no evitaría la muerte.
3. Cada casa (familia) tenía la plena libertad de hacer o no que lo que Dios mandaba. Es decir, si en una casa pensaron que no iba a pasar nada, pudieron no hacer la preparación para la pascua (claro que sus primogénitos murieron). Y si creyeron que verdaderamente Jehová iba a matar a los primogénitos de las casas desprotegidas, han de haber seguido las instrucciones al pie de la letra.
4. Los que no eran del pueblo de Dios (extranjeros y egipcios) que creyeran, podían participar también de los preparativos para la pascua, y recibirían la exención de la muerte por obedecer y creer, aunque no fueran hebreos. Dios los aceptaría como parte de su pueblo si hacían todo lo que El mandaba.
5. Que la sangre se aplicara a cada casa y salvara solamente a los que se encontraban en esa casa nos habla de lo personal que es la liberación ofrecida por Dios.


Estos aspectos de la sangre tienen que ver con Cristo y su obra también.
1. Jesús no solamente tenía que morir, sino que su sangre tenía que ser vertida.
2. La sangre de Cristo tiene que ponerse en cada corazón que quiera librarse de la muerte. No es suficiente saber que Cristo murió, sino que se tiene que tomar una decisión personal de aplicar el efecto de su muerte a la vida de uno.
3. Cada quien es libre de aceptar a Cristo o no. Los que no creen que habrá un juicio (no creen que ellos están condenados a muerte), tienden a despreciar a Cristo. Pero los que creen en Cristo y en la expiación que El hizo por ellos, serán salvados.
4. No importan los antecedentes de las personas en cuanto a credo, religión, cultura, raza o lo que sea. Todos por fe pueden participar de la salvación por medio de Cristo, obedeciendo las instrucciones que Dios ha dado para esto.
5. La aplicación de la sangre de Cristo es una decisión totalmente individual. Nadie puede aceptar a Cristo por otra persona. Los méritos de Cristo son aplicables solamente de manera personal.


EL PAN SIN LEVADURA
En la pascua no sólo el cordero y su muerte nos hablan de Cristo, sino también el pan sin levadura. Este pan nos tipifica la vida sin pecado de Cristo.


Es un doble énfasis en la santidad y pureza de Cristo.


LAS HIERBAS AMARGAS
Este acompañamiento para el cordero y el pan nos habla de los sufrimientos por los que Cristo tendría que pasar para otorgarnos el paso de largo del juicio sobre nuestra vida. No sería nada agradable, sino algo amargo, doloroso y difícil. Pero Cristo soportó todo el padecimiento y humillación de la cruz para darnos vida, y vida en abundancia.


LA CONSAGRACION DE LOS PRIMOGENITOS
Porque Dios salvó por gracia a los primogénitos hebreos, éstos deberían ser consagrados al Señor (Ex 13:1). Así también debería suceder en nuestras vidas una vez que somos salvos: deberíamos consagrarnos al Señor, para que su voluntad sea la que gobierne nuestras vidas, en amor y agradecimiento por la salvación que El nos regaló.

EL PARALELO ENTRE LA PASCUA Y LA CENA DEL SEÑOR
(Mt 26:17-29; Mr. 14.12-25; Lc. 22.7-23; Jn. 13.21-30; 1 Co. 11.23-26)
Cuando Jesús vivió en esta tierra como buen judío participó en la celebración de la pascua cada año. Pero hubo una en especial que se gozó de compartir con sus discípulos: la última antes de morir.


En esa ocasión, sabiendo que su vida iba a terminar en breves horas, dio instrucciones a sus discípulos para que a partir de entonces celebraran un tipo nuevo de fiesta solemne de conmemoración: lo que ahora llamamos la Santa Cena o Cena del Señor.
En esta, el pan es símbolo del cuerpo de Cristo. Era pan sin levadura, es decir, un cuerpo sin pecado, estaba quebrado como sería quebrantado el cuerpo de Cristo, y perforado, como lo sería también Cristo con los clavos que lo sujetaron a la cruz y la lanza del soldado que le perforó el costado.


El vino es símbolo de la sangre de Cristo, que fue derramada como sacrificio agradable delante del Señor para que nosotros pudiéramos ser salvos por medio de la expiación que Cristo realizó.


Actualmente, como pueblo de Dios es en estos dos elementos que recordamos nuestra pascua.


REDIMIDOS
Así como los primogénitos hebreos fueron comprados por un precio, porque la muerte del cordero y el derramamiento de su sangre pagó por que el primogénito no fuera muerto, nosotros hemos sido comprados por un precio también.
1 Co 6: 20 dice: "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios." Nuestro deber ahora es glorificar a Dios en todo lo que hagamos.


1 Co 7:22-23 dice: "Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres." Verdaderamente, Cristo nos hace libres de la esclavitud, pero a la vez, por amor a El nosotros voluntariamente nos convertimos en siervos suyos, para hacer lo que El desea de nosotros. No pertenecemos más al mundo, y por tanto, debemos vivir una vida que aunque esté en el mundo, no sea de él. Debemos vivir en santidad.


Nuestra pascua fue Cristo, ahora somos suyos, comprados por su preciosa sangre.


Citas Usadas
1 Halley´s Bible Handbook, 1965, p. 117
2 Knowing God Through Exodus, 1989, s.p.
3 Halley´s Bible Handbook, p. 123

Bibliografía
Santa Biblia, Versión Reina Valera 1960, Sociedades Bíblicas Unidas, Gran Bretaña, 1969
Diccionario de la Santa Biblia: Sociedad Americana de Tratados, Nueva York, EUA, 1890
Peloubet´s Bible Dictionary: F. N. Peloubet (editor), The John C. Winston Company, EUA, 1947
Halley´s Bible Handbook: Henry H. Halley, Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan, EUA, 1965
DeHaan, M. R. Portraits of Christ in Genesis (Cuadros de Cristo en Génesis), Zondervan Publishing House, Grand Rapids, Michigan EUA, 1966
Egner, David Knowing God Through Exodus (Conociendo a Dios a través de Exodo), RBC Ministries, Michigan, EUA, 1989 (Versión electrónica bajada de www.rbc.org el 2/05/00)
Hoff, Pablo El Pentateuco, Editorial Vida, Florida, EUA, 1999


Cristo Revelado en la Pascua

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